lunes, 21 de marzo de 2016

La Guerra Franco India (parte IV)

Lago George. Foto: Daderot.
Albany Institute of History and Art, New York, USA.

Debió ser en verdad espectacular la vista del lago George, en aquella calurosa tarde de estío, plena de cálidos matices. Por el espejo de la superficie, parecía volar un sinnúmero de canoas, y en ellas, miles de pieles rojas, con sus atuendos y pinturas de guerra. A continuación, como completando aquel cuadro, surcaban perezosamente, cientos de barcas de remo y velas, de las fuerzas regulares francesas, y de las milicias de Nueva Francia. Todos acudían a una cita que terminaría en un drama: el ataque a Fort William Henry, en la costa sur del lago.





Louis Joseph de Montcalm
Por Antoine F. Sergent-Marceau, 1790
Museo McCord, USA. {{PD-US}}

Para el verano de 1757, Francia y Gran Bretaña, habían combatido por más de tres años por la supremacía definitiva en las tierras de América del Norte. La balanza hasta entonces parecía inclinarse hacia el lado francés. El General Montcalm, pretendía dar un golpe crucial, que dejara definitivamente libre el camino desde la capital de Nueva Francia, la ciudad de Quebec, hacia los territorios del Ohio, y más allá, las grandes extensiones de tierra, hasta la desembocadura del Mississipi. Eso significaría la consolidación del Imperio Francés en Norteamérica. 



Plano de Fort Henry. Por: W. Eyre
Fuente: Biblioteca del Congreso, USA {{PD-US}}

La planificación del asedio y su ejecución, resultaron a pedir de boca. Montcalm, sabiendo que todo estaba bajo su control, intentó obtener la rendición pacífica del fuerte, recibiendo por respuesta el que los británicos combatirían hasta el último hombre (George Monro, a cargo del fuerte, esperaba recibir refuerzos, desde Fort Edward, situado a unos 30 km.). Entonces debieron soportar un pertinaz bombardeo durante cuatro días, con sus noches. Habiendo sufrido muchas bajas, además de graves daños al fuerte, y ante la convicción de que no recibirían ayuda alguna, decidieron rendirse. Se negoció la evacuación pacífica, y con honores militares, de los derrotados.


Montcalm luchando con los nativos en Fort Henry
Grabado en madera por Alfred Bobbettt, 1870
Biblioteca del Congreso, USA {{PD-US}}

Sobre lo ocurrido luego, existen diferentes versiones. Una de ellas dice que los aliados indios de los franceses, sometieron a los británicos a un despiadado ataque, una vez que habían abandonado el fuerte, para saquear sus pertenencias, y para tomar rehenes. Este lamentable episodio pasaría a la historia como la Matanza de Fort Henry, en la cual resultaron asesinados o raptados varios cientos de personas (incluyendo mujeres y niños). También se dice, que Montcalm intentó vanamente defender a las víctimas. 


Sin embargo, también hay opiniones de que en realidad se trató de un acto de pillaje de los indios, sobre la retaguardia del grupo británico evacuado, en el cual, aunque sí ocasionaron muertes, el número fue mucho menor. Haya sido magnificado o no, este hecho ocasionó la ruptura de los acuerdos a los que se había llegado durante la rendición. Los franceses terminaron destruyendo el fuerte. Además, lograron apoderarse de un cuantioso armamento y provisiones. 


Fort William Henry-Lago George. Por: Philip John Bainbridge, 1839
Fuente: collectionscanada.gc.ca {{PD-US}}

Aquellos solitarios y silenciosos lugares, quedarían como testigos de los hechos ocurridos...

A pesar de todo esto, los británicos se mostraban muy activos en otros frentes. Su gran superioridad numérica les permitía ejercer una fuerte presión sobre varios objetivos a la vez, mientras que las fuerzas francesas se veían imposibilitadas de concentrar grandes ejércitos en una zona, sin desguarnecerse en otras. Además, el apoyo de sus casi incontrolables aliados indios, venía disminuyendo considerablemente, por diversos motivos.

Por otra parte, el deficiente apoyo de la corona francesa, muy ocupada con la guerra en Europa, sumado a la corrupción de algunos de sus funcionarios, que desviaban los recursos disponibles, comenzaba a hacer mella en la moral de las fuerzas de Nueva Francia. Si a esto se añadía el claro dominio marítimo de Gran Bretaña, que prácticamente los mantenía aislados, y la grave división entre el Gobernador Vaudreuil y el General Montcalm, la derrota francesa, solo era cuestión de tiempo.

Aun así, los británicos deberían contemplar algunos fracasos y descalabros más en sus intentos por doblegar a las fuerzas de Nueva Francia. 


John Campbell, 4th Earl of Loudoun ca. 1750
Scottish National Gallery. Fuente: http://www.nationalgalleries.org
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Poco antes del desastre de Fort Henry, el Comandante en Jefe de las tropas británicas en Norteamérica, John Campbell (Lord Loudoun), tenía proyectado un ataque sobre la ciudad de Quebec, pero una orden directa de Londres, le obligó a cambiar de planes: primero debería poner sitio a la fortaleza de Louisburg. Esto terminaría convirtiéndose en una nueva frustración, ya que debieron desistir del ataque, sin disparar un tiro, a pesar del considerable despliegue de fuerzas militares. Esto se ha achacado a indecisión, o cierta pusilanimidad por parte de Loudoun. En diciembre de 1757, era relevado de su cargo. Sin embargo, él había sido un eficiente administrador, y las mejoras que introdujo en la logística militar probaron ser muy útiles, poco tiempo después.


William Pitt el viejo. Por: William Hoare, ca. 1754
National Portrait Gallery, UK.

Para 1758, los británicos se hallaban decididos a forzar la situación. William Pitt reforzó considerablemente el número de las tropas regulares en América; además, mejoró el trato y la coordinación con las milicias de los colonos. Se concentrarían los esfuerzos en tres frentes, sobre la zona de Ohio, en el Lago Champlain y sobre la llave que abriría la puerta al Río San Lorenzo, la fortaleza de Louisburg.


James Abercrombie. Tomado de: Travels in the Pyrenees,
         London 1813. Copiado por: The Bristish Lybrary 
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James Abercrombie, el nuevo comandante en jefe, también fracasaría. Bajo sus órdenes, los británicos sufrirían su más duro revés en esta guerra, a manos de Montcalm, quien lo esperaba en Fort Carillon (Ticonderoga). La admirable defensa del general francés, unida a la testarudez de Abercrombie, quien pensaba que con la sola ventaja numérica (4 a 1) bastaría para vencer, hizo que al final del día, los británicos tuviesen que retirarse con unas dos mil bajas, mientras que los franceses solo perdían a unos cuatrocientos hombres. Esto ocurrió el 8 de julio de 1758. Para septiembre, las fuerzas británicas ya estrenaban otro comandante en jefe...



Mapa de Louisburg, 1758. Tomado de: The Royal Navy, From the Earliest
Times to 1900, vol 3, London, 1898, por W.L. Clowes  {{PD-US}}

Mientras en Louisburg, tras un duro asedio de siete semanas, que prácticamente destruyó la fortaleza, los británicos lograron salir airosos, bajo las órdenes del General Jeffrey Amherst. Allí destacó un singular personaje, el General James Wolfe, quien fungió como segundo en el mando. Su aspecto y sus actitudes lo hacían ver como un ser débil, pero su audacia y valor resultarían decisivos, no solo en la toma de este bastión, sino en el resto de la guerra. Louisburg se rindió el 26 de julio. 

Para quienes gusten del espíritu reinante en los sitios históricos, esta fortaleza, ha sido parcialmente reconstruída, y constituye en el presente, un interesante lugar turístico.


Teniente Coronel John Bradstreet, por John McIlworth
ca. 1764. National Portrait Gallery, Washington, DC.
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Por si no bastaba con esta catastrófica derrota, los franceses recibirían otro duro golpe, al perder Fort Frontenac, junto al nacimiento del río San Lorenzo. A pesar de su gran importancia, su defensa corría por cuenta de poco más de un centenar de hombres, quienes se vieron sitiados por unos tres mil combatientes, en su mayoría milicianos, a las órdenes del audaz Teniente-Coronel John Bradstreet. Bastaron dos días de incesante bombardeo, para lograr la rendición del fuerte y la incautación de importantes cantidades de suministros. Pero, más importante aun, habían logrado interrumpir seriamente las líneas de comunicación y abastecimiento de Quebec y Montreal, por vía terrestre.


Toma de Fort Frontenac, 1758. Grabado por John Henry Walker
Fuente: Biblioteca y Archivos de Canadá.

Fort Duquesne también cayó en manos británicas, al mando del General John Forbes. Luego de algunos confusos episodios, en los cuales de nuevo figuró George Washington. Los franceses, abandonados por sus aliados indios, optaron por quemar el fuerte y huir hacia el norte. En ese mismo sitio fue levantado Fort Pitt, que con el tiempo daría origen a la ciudad de Pittsburgh. 


Fort Duquesne. Por Sébastien Paquin, 2002
Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported

Washington, muy cansado, ciertamente frustrado, y con varias amargas lecciones en su haber, ya no volvería a tomar parte en esta guerra. Su destino, de momento, parecía llevarlo hacia una vida como civil.  


Fort Ticonderoga, en 1759. Autor desconocido
Biblioteca del Congreso de USA. {{PD-US}}


En el año de 1759, la causa francesa, iba de mal en peor. Habían perdido el apoyo de los indios, casi por completo. Era necesario el repliegue de sus fuerzas, para concentrarse en la defensa de Montreal y Quebec. Por este motivo, los escasos defensores de Fort Ticonderoga, decidieron abandonarlo, ante la nula posibilidad de resistir el inminente ataque de Amherst, al frente de miles de hombres. De ese modo, sin pena ni gloria, se desvanecieron los efectos de la victoria de Montcalm, en ese mismo sitio, el año anterior. Mientras que Fort Niágara, el último fuerte francés en los Grandes Lagos cayó después de un despiadado bombardeo de diecinueve días.


James Wolfe. Autor desconocido
Fuente: National Portrait Gallery, London.
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A James Wolfe le fue asignado el mando para el ataque a la yugular de Nueva Francia, la ciudad de Quebec, a orillas del Río San Lorenzo. Con una considerable flota y cerca de diez mil hombres, zarpó en el mes de mayo, desde Louisburg. No sería una labor sencilla: la ciudad ocupaba una privilegiada y estratégica posición. Los franceses habían concentrado unos dieciseis mil combatientes, al mando de Montcalm, cuya inteligencia y habilidad ya era conocida. Para los franceses, era el jugarse "todo o nada", mientras que para Gran Bretaña, significaba el golpe final que tanto habían esperado. Sin duda esta era un enfrentamiento en el que el honor podría valer más que la vida... 



Haremos otro viaje al pasado, para presenciar el desenlace de esta guerra, la Guerra de la Conquista, como es denominada por los franco-canadienses.



                          La Marcha de los Granaderos Británicos                                              






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