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jueves, 14 de mayo de 2026

El Ciclo Troyano (Parte 12. El Caballo de Troya).

Troya y el campamento aqueo.
Imagen obtenida mediante la IA de Google,
por Daniel Delgado, 2026.

Diez años habían pasado y Troya seguía en pie de lucha. Su inexpugnable muralla, obra de los dioses, la había protegido los más fieros embates. Los aqueos ahora no contaban con el empuje de sus mejores hombres, como una vez lo fueron Aquiles y Áyax el Grande. Así que la esperanza del triunfo parecía desvanecerse, día con día. ¿Cómo podía el príncipe Paris, el causante de aquella hecatombe, seguir respirando tranquilo, mientras que tantos valientes habían dejado sus hogares, solo para ir a morir en esas tierras lejanas? 

domingo, 15 de marzo de 2026

El Ciclo Troyano (parte 10. La muerte de Aquiles).

 

Príamo regresa a Troya con el cuerpo de Héctor. Por John Trumbull, 1785.
Museo de Bellas Artes de Richmond, Virginia. EEUU.
Tomado de Turnbull Clan Association, www.turnbullclan.org


Con la desaparición de Héctor, quedaba decretada la ruina de Troya. En vista de ello, en el palacio del monte Olimpo, Zeus se había reunido con los dioses principales. Sólo él habló. Se notaba contrariado y molesto, así que lo más sensato era escuchar y callar. Ordenó que en adelante, todos deberían guardarse de intervenir en la contienda. Mientras esto decía, clavó su mirada en Hera y Atenea, quienes constantemente se las ingeniaban para burlar su real voluntad. A pesar de no ocultar su simpatía por el bando troyano, el rey de los dioses les dijo que ya era tiempo de permitir que se cumplieran las viejas profecías. Aun así, quiso intervenir una vez más, solo para ver que el cuerpo del héroe recibiera los honores fúnebres, que de sobra merecía. 

sábado, 11 de octubre de 2025

El Ciclo Troyano. (parte 9. Aquiles y Príamo).


El triunfo de Aquiles. Fresco por Frank Matsch, 1892.
Palacio de Aquileion. Corfú, Grecia.


Aquiles, sin embargo, distaba mucho de haber encontrado la tranquilidad. Por el contrario, los demonios de la ira lo acosaban sin pausa. Únicamente su madre conseguía brindarle algún consuelo. Cada mañana subía a su carruaje, tan solo para recorrer los muros de Troya, exhibiendo el cadaver a rastras del príncipe Héctor. Mas, ¡oh prodigio!, a pesar de todo, el cuerpo se conservaba indemne. Aquello tenía que ser obra de los dioses...