sábado, 30 de diciembre de 2017

Recuerdos de Caracas (parte 2)


                                                                                                  
Caracas, Siglo XVII



Nuestra Señora de Caracas, 1766. Autor desconocido
Fuente: http://www.fpolar.org.ve  {{PD-US}} 

No fueron tiempos auspiciosos los últimos años del siglo de la conquista. Fue una época de grandes sobresaltos, de plagas, de pobreza. La invasión de los piratas le había salido muy cara a la naciente ciudad. A falta de un buen rescate, Amyas Preston, destruyó a Caracas, quemando lo poco que encontró, pero que era casi todo lo que los colonos poseían. Sin embargo, al menos el honor de la ciudad quedó preservado, y eso les ayudaría a levantarse de nuevo.




Vista de Caracas, por John Thomas, 1839. {{PD-US}}

Como resulta fácil de comprender, sobre la ciudad seguía pendiendo la amenaza de su despoblamiento; pero nuestros abuelos consiguieron sobreponerse a tanta adversidad, y edificaron sobre un terreno que siempre parecía rechazar, de una u otra manera, la obra de los conquistadores. El siglo XVII, en contra de lo que a veces tiende a pensarse, no fue ni pacífico, ni tranquilo, fue todo lo contrario... 

La resistencia de los indígenas de las regiones circundantes se prolongó por mucho tiempo, y hay que llegar a la conclusión de que sin la presencia de Garci González de Silva, el eterno pacificador, la ciudad no hubiese llegado a sobrevivir. Casi todos los primeros gobernadores de Santiago de León debieron recurrir a sus servicios. Su valor y su liderazgo, lo convirtieron en imprescindible. Por algún motivo, él se conformó con estar detrás del poder, mientras acumulaba la enorme riqueza que llegó a poseer: la extensión de sus dominios resulta inconcebible en los tiempos actuales.


Vista de Caracas, ca. 1902. Autor: Detroit Publishing Co. Fuente: http://www.loc.gov  {{PD-US}}

Aquel poblado debería levantarse de sus ruinas, una y otra vez, con la terquedad de lo que es predestinado. Se daría inicio a una historia, que comenzaría a reflejarse y de alguna manera a plasmarse, en los nombres de sus lugares, en su toponimia. Aquello llegaría a convertirse en un sello característico de la ciudad y marcaría durante mucho tiempo la vida de los habitantes de Caracas; era como una herencia de su pasado, que tardaría mucho tiempo en desaparecer. De hecho, todavía sobrevive... 

También desde entonces la ciudad comenzaría a exhibir los enormes contrastes que han caracterizado su historia. Al tiempo que se enriquecían algunos, otros viejos conquistadores acabaron en la ruina, llegando a inspirar lástima. El procurador Simón de Bolívar, el viejo, murió en la pobreza, en el año de 1612. Hasta uno de los primeros gobernadores, llegaría a conocer la mendicidad, algo sin duda inusitado, desde el punto de vista moderno...



Balcón de los Arcaya, Coro, Venezuela. Por: Jesussancherizo2005
2017. Lic. Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International

Para 1600, ya eran evidentes las ventajas que ofrecía Caracas sobre Coro, para el asentamiento de la gobernación y del obispado. Aparte del clima, era un lugar menos expuesto a las fechorías de los piratas. Sin embargo, la mudanza del obispo Antonio de Alcega, acarreó lamentablemente la destrucción del patrimonio religioso indígena, dado su afán por destruir sus ídolos y objetos de culto.




Una carta desde Cabo Cod, hasta el río Orinoco (detalle). Mostrando la ubicación de Coro. Por John Seller, 1672.
Fuente: Boston Public Library. Boston, Ma. USA. {{PD-US}}

Poco después, en 1603, ya se denota el trazado de algunas calles, y se comenzó con el empedrado de las tres que iban de norte a sur, hasta llegar a las riberas del río Guayre. Es fácil de imaginar como en medio de grandes solares, luchaban por surgir viviendas pobres, a menudo con techado de ramas y paredes de bahareque. Aun no llegaban los tiempos de las hermosas mansiones coloniales. Pero dejemos que un testigo de aquella época, Diego de Villanueva, nos guíe con la visión que tuvo de Caracas, en el año de 1607:



Vista de Caracas, por Ferdinand Bellermann, ca. 1842.
Fuente: Gramscimanía.info.ve

"La ciudad de Santiago de León, tiene su asiento en el Valle de Caracas, distante a tres leguas del puerto de La Guaira, que es el más importante de la gobernación. En dicha ciudad asisten el gobernador y el obispo y los oficiales reales, a pesar de existir un litigio legal con la ciudad de Coro. Tiene Santiago de León hasta cien vecinos, poco más o menos. De ellos, cincuenta poseen encomiendas en dicho valle, y otros están en la costa del mar y en el Valle de Aragua, y Santa Lucía y Santa Teresa, y los Guarenas...

Los indios serán hasta en cantidad de unos dos mil seiscientos, que no pagan tributo por tasación... pero los encomendadores los ocupan en las sementeras de trigo, maíz y en los hatos de ganado, ingenios de azúcar y en las demás granjerías... Los frutos que se cogen en el distrito son: algodón, trigo, maíz, caña de azúcar, tabaco, zarzaparrilla; y hay ganado vacuno... los productos se embarcan en La Guaira, y van a España, la Isla de la Margarita, Puerto Rico y Santo Domingo y Cartagena de Indias".

Según esta descripción resulta claro que Caracas para entonces, más que apariencia de ciudad, tenía la fisonomía de un campo de labranza, alrededor de un caserío. Con seguridad, no abundaban las viviendas construidas con materiales duraderos. No obstante, para el año de 1624, el cronista hispano Fray Antonio Vázquez de Espinosa, reporta, además de las maravillas del paisaje y el clima, que la ciudad tiene unos 1500 habitantes, entre vecinos españoles, indios y esclavos. De nuevo comenta sobre la productividad de la tierra, que permite exportar una variedad de productos. Vázquez de Espinosa agrega: 



La Catedral de Caracas en 1867, autor desconocido.

"En esta ciudad por ser la mejor de la provincia, más rica, sana y por su puerto, viven de ordinario en ella el obispo y el gobernador. Hay en ella muy buena iglesia mayor y aunque no es la Catedral, por estar en Coro que por tiempos se ha de venir a mudar a ésta, por ir en tan grande aumento. Tiene dos conventos, uno de religiosos de Santo Domingo, y el otro de la orden de San Francisco. Hay un hospital que se llama San Pablo, en que se curan los pobres enfermos, y una ermita del glorioso mártir San Mauricio. Al presente se funda un monasterio de monjas..."


Aquí se habla de una villa en crecimiento, con grandes ventajas de habitabilidad, a nivel paradisíaco, según este cronista.  Mientras, aun mantenía su ritmo productivo, que permitía auto abastecerse, y exportar a España y a otros lugares de América. Una hermosa iglesia, varios conventos, un hospital, son los síntomas de un cierto desarrollo urbanístico. Es muy posible que la apariencia y la calidad de una buena parte de las viviendas y calles de Caracas ya le conferían un aspecto de un poblado con aspiraciones de ciudad... 



Patio de la casa natal de Simón Bolívar. Foto por: Jesús Rincón, 2007.

El siglo XVII traería complicaciones de toda índole. Eso se vió reflejado en el número de sus pobladores. Para 1628 se estimaba su población en 3000 habitantes y a fines de siglo, apenas alcanzaba los 6000. La gradual disminución del número de indígenas (recordemos que eran el grupo mayoritario), sin duda influyó en las estadísticas poblacionales, y además ocasionó el final del régimen de encomiendas. Pero, ¿que cosas ocurrieron en Caracas a lo largo del siglo?

Veamos algunos hechos resaltantes...

El cargo de gobernador de la provincia era muy apetecido, pero no estaba exento de riesgos y de problemas de variada índole... los dos primeros gobernadores del siglo, fallecieron en extrañas circunstancias, no podría descartarse que hayan muerto por envenenamiento. En común tenían su severidad en el cumplimiento de la ley, y su lucha contra el bandidaje imperante. El contrabando y la piratería chocaban con el férreo control que España pretendía establecer sobre la economía de la colonia. Esta situación se exacerbó hasta niveles impresionantes a partir del año de 1606.

(Griterío de indígenas, ayes e imprecaciones.)
¡Santiago, y cierra España! Acabad con los gandules... Era el recién nombrado gobernador Sancho de Alquiza, en su lucha con las tribus quiriquires y zaparas, del lago de Maracaibo (1606). En primera instancia se dedicaría a sofocar algunos de los últimos destellos de rebelión indígena, en otras partes de la provincia. 

Pero el verdadero sobresalto lo ocasionó cuando ya establecido en Caracas, comenzó a poner en orden las cuentas de la Real Hacienda... allí cayeron como deudores los principales habitantes de la Ciudad, se crearon nuevos impuestos y se enfrentó de manera cruenta al comercio ilegal. Fue inflexible con el cobro de las deudas, llevando a prisión a varios vecinos importantes, y ordenó pena de muerte a numerosos contrabandistas, naturales o extranjeros...

(Voces de protesta.)
Alguacil: Pero, su excelencia, ¿no será demasiado rigurosa la pena?
Alquiza: Por supuesto que sí, hijo mío, pero hay que dar escarmiento, sino pronto los tendremos viviendo en nuestra casa... ¡ahorcad al bellaco!

Así fueron ajusticiados numerosos contrabandistas holandeses, o condenados a penas realmente crueles. Lo cierto es que se vivió una época de desasosiego y temor, a pesar del progreso en los asuntos administrativos. Cuando su gobierno llegaba a su final, se dice que Caracas se había despoblado en dos terceras partes, algo atribuido de manera directa a su acción. Durante su mandato, se instauró en la provincia el Santo Tribunal de la Inquisición, como si todo lo anterior fuese poco. Su nombre quedó perpetuado en uno de los lugares de la sierra, cercanos a la ciudad: Sanchorquiz...


Francisco de la Hoz Berrío, gobernador de 1616 a 1621. Fundador de más de cien pueblos.
Por: Juan Antonio Rodríguez F. 1963. Del libro: Orígenes de Acarigua, Hermano Nectario María.
Foto por: José J. Lugo A. Lic. Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported

Vendrían gobernadores progresistas, fundadores de pueblos, hasta el año de 1623, cuando murió "de improviso" Juan de Treviño, siendo sustituido a la postre, de manera interina por Diego Gil de la Sierpe. En apariencia, los abusos de éste resultaron intolerables, siendo defenestrado sin contemplaciones por el Cabildo de Caracas, cargado de cadenas y enviado a España. Esto originó un juicio, y la corte decidió en contra de los regidores del cabildo, con pena de prisión y multa, pero quedó sentado un precedente, cuyas consecuencias se harían notar en el futuro.



Castillo de Araya, 1623. Construido para detener las incursiones holandesas. Abandonado en 1761. Foto: Harold Hidalgo
Año 2013. Fuente: Flickr: Castillo de Araya- Vista Aerea. Lic. Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Unported

Hay que decir que la presión de los ingleses y de los holandeses sobre las costas venezolanas iría en aumento; de hecho la economía doméstica, a espaldas de España, funcionaba en buena parte del intercambio comercial de los hacendados y productores, con los barcos extranjeros, es decir gracias al contrabando. Era la presión por el reparto del Nuevo Mundo, que ya se hacía incontenible. De tal modo llegaría el año de 1637, con el gobierno de Ruy Fernández de Fuenmayor, un período infortunado de comienzo a fin...



Mapa de Curazao. Autor: R.F. van Raders, Daniel Veelward jr. ca. 1836. Fuente: Biblioteca de la Universidad de Amsterdam

Poco antes los holandeses se habían apoderado de la isla de Curazao, situada a muy pocos kilómetros de la costa venezolana. Luego de muchas indecisiones, y una notoria negligencia por parte de España, el gobernador fallaría en un intento de recuperarla, en el año de 1642. Desde entonces Curazao, quedó en poder de Holanda.



Universidad Central de Venezuela (Antiguo Seminario de S. Rosa de Lima). Foto por B. Pujol, 1911. Fuente: Raúl Graterol
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No obstante, la ciudad de Caracas recibía dos distinciones que le reconocían su importancia creciente. Después de algunos años de disputas, el obispado de la provincia fue trasladado definitivamente para Santiago de León, quedando consagrada como Catedral su Iglesia Mayor (1637). Una vieja aspiración de los caraqueños, el Seminario de Santa Rosa de Lima, la primera casa de la cultura y de estudios superiores de la ciudad, fue abierta en 1641, aunque faltarían todavía algunos años, para que alcanzara su pleno funcionamiento.


El traslado del obispado, en lugar de resultar motivo de alegría y alborozo espiritual, desembocaría en un conato de guerra civil, principalmente ocasionado por la intemperancia del nuevo obispo, Mauro de Tovar. Con su actitud pendenciera, él permanentemente interfería en la jurisdicción del gobernador, generando una gran violencia. No dudó en colocarse al frente de bandas de "clérigos" armados, que en medio de cantos y letanías irrumpían en contra del blanco de su ira, destruyendo y quemando lo que encontraban a su paso... 

(Ante los reclamos del gobernador.) 
Fray Mauro: A Vuecencia no lo tengo por más cristiano que a mi caballo, y si cien veces reedificaren el convento, ciento y una se le ha de demoler y derribar...
Gobernador: Pués habrá de verse, ¡a fe mía que he de escarmentaros!

Era todo un personaje el ilustre fraile, y arremetía con igual vigor en contra de las costumbres licenciosas. 

(Con voz tronante, desde el púlpito.)
Fray Mauro: Arrepentíos, orad, y dad la limosna a la iglesia. Os digo que los placeres de la carne, habrán de llevaros a la perdición...
(Murmullos y oraciones...)

Según una leyenda, por esos tiempos deambulaba por las calles un loco, a quien llamaban Saturnino. En su vagar diario, de pronto se detenía, y con aire misterioso repetía lo siguiente:


                                   ¡Qué triste está la ciudad!
                                    Perdida ya de su Fe
                                    Pero destruida será
                                    El día de San Bernabé
                                    ¡Quien viviere lo verá!

El 10 de junio de 1641, Saturnino se retiró a las afueras de la ciudad, a pasar allí la noche. Despertó con un ruido aterrador, seguido por gritos desesperados, quejidos de moribundos y gente orando a lo lejos. El 11 de junio, día de San Bernabé, Caracas quedó devastada por un pavoroso terremoto. Perecieron más de doscientas personas, y casi todo lo que pudo permanecer en pie, quedó agrietado. Aun diez años más tarde los conventos mostraban las huellas de la catástrofe. Llegó a considerarse la posibilidad de mudar la ciudad hacia el este, a la zona de Chacao, pero el obispo se opuso de manera terminante... y fue motivo de un nuevo conflicto. 


Ruinas de Caracas en 1842, ocasionadas por el terremoto de 1812. Por: Ferdinand Bellermann. Fuente: Gramscimanía.info.ve 

Nuevamente la ciudad quedaba en ruinas, y otra vez se levantaría, en busca de su destino, con sus hechos, con sus leyendas, con sus personajes... 

Aquí habremos de encontrarnos de nuevo, para seguir conociendo su historia y enamorarnos un poco más de La Ciudad de los Techos Rojos... 







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