jueves, 25 de mayo de 2017

Venezuela, hoy (parte III).

Está muy claro el rumbo por el que la crisis venezolana marcha en este momento. Al ver que hay un pueblo decidido, en pie de lucha, que en realidad es sólo una desesperada resistencia, y que la dosis diaria de terror aplicada por parte del régimen (muertes, lesionados, torturados psíquica y físicamente, allanamientos abusivos, ataque a residencias, clínicas, escuelas, centros comerciales, y un interminable etcétera) no está dando los resultados esperados, y más bien pareciera que están apagando un incendio con gasolina, decidieron volver al esquema de dar visos de legalidad a su gobierno tiránico, lo cual siempre les ha resultado muy fructífero, ¿por qué no hacerlo de nuevo?

Tan solo que esta vez se les pasó la mano, con el adefesio jurídico que están levantando. De tal modo, un sector claramente minoritario se está abrogando el derecho de convocar al diseño de una nueva constitución... no podemos menos que recordar la conocida fórmula: cada tirano intenta fabricar una constitución a su gusto. Como vemos, no les funcionó el terror, no les funcionó la perversa convocatoria a un "diálogo" estimulado pontificialmente; ahora intentan otra jugada que ponga la pelota en el campo contrario. Además, así compran tiempo, lo que más necesitan actualmente.

La confusa y a menudo sospechosa oposición política venezolana ahora se debate entre dejarse llevar por el clamor popular (hay que finalizar con el régimen tiránico antes de que éste acabe con todos), o la tentación de seguir pactando su precaria existencia, al continuar como tristes comparsas, con la premisa de "cuidar los espacios que tenemos". Lavarse las manos, y dejar que la gente decida, o adherirse a cualquier propuesta electoralista en estos momentos, es un verdadero baño de agua fría para el titánico esfuerzo popular, activado sólo por la desesperación y el instinto de conservación. De lo que sí podemos estar seguros es que si la minoría gobernante logra sus propósitos, la decepción producida en el pueblo tardará años en recuperarse y sólo se logrará acelerar el éxodo de los venezolanos "desplazados".

Sin que ninguno de los venezolanos lo hubiese deseado, se llegó a una situación definitoria, o somos o no somos... las medias tintas en estos momentos cruciales de la historia, no llevan a ningún lugar de provecho. Como en la conocida metáfora: a una ranita le fueron calentando muy gradualmente el agua, y de un modo hasta placentero, se fue adaptando; luego que el calor le comenzó a incomodar, trató saltar del agua, pero llegó el momento en el que si no se salía del agua, perecería sin remedio. A esta situación llegó el pueblo venezolano, que fue adaptándose gradualmente a la tiranía hegemónica, luego forcejeó sin total convicción, pero que ahora lucha por su vida, por tener algún futuro, así de simple.

Si no hay claridad en las metas, ni en los procedimientos, jamás se logrará un resultado positivo. Una dictadura totalitaria, de las más burdas y nefastas que se hayan conocido, nunca se irá por las buenas. Más aun si la mayor parte de sus funcionarios han incurrido en tantos delitos, que lo único que los separa de la cárcel, es continuar en el gobierno... no hay que continuar con la candidez beatífica de pensar que serán desalojados del poder mediante actos electorales. Más claro que la aplastante derrota que recibieron en las pasadas elecciones parlamentarias, y cuyo único fruto real fue aumentar la desgracia de los venezolanos, es imposible. Así de claro: quien convoque a cualquier acto electoral bajo estas condiciones es sospechoso de alta traición a la patria, para decirlo lo más suave posible.

Ya mencionamos que nuestro país además ha sido, y es el campo de pruebas, hasta de batalla, de diversos intereses internacionales, nuestro suelo patrio ha sido mucho más que hollado durante todo este tiempo. A menudo se ha escuchado decir que si tal o cual país nos va a invadir, que si nos ayudan será para quedarse con nuestras riquezas... Señores: estamos invadidos desde hace años por otros, se están quedando con mucho de lo nuestro, y no hemos podido hacer nada al respecto. Vean el saqueo de los parques nacionales de nuestra Guayana, y respóndanse a sí mismos si este país necesita ayuda internacional o no. Ese falso orgullo, que está cercano a un lavado de cerebro, de que esto lo resolveremos solos, a estas alturas no es más que una tontería. ¿Nos ayudarán? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero por allí pasa nuestra única posibilidad de salir de esto; así de grande y pesado es el poder al cual nos enfrentamos.

Estemos claros, enfrentamos a un régimen que acepta y utiliza toda la ayuda externa posible: asesorías, armamento y personal humano. No seamos tan cándidos al creer que esto se derrotará con manifestaciones pacíficas de voluntad. No somos violentos: enfrentar a una dictadura tiránica es un derecho y un honor. Sangre, sudor y lágrimas es lo único que puede ofrecernos un candidato a liderar esta situación. De lo contrario, seguirá la vida por el triste sendero que nos están marcando, desde hace más de dieciocho años, y el cual ha convertido en una verdadera pocilga, lo que debería ser un paraíso de prosperidad.