lunes, 30 de abril de 2018

Recuerdos de Caracas (parte 3).






Vista de Caracas en el Siglo XIX, por Ferdinand Bellermann. Fuente: gramscimania.info.ve

Así transcurrieron los primeros tiempos de la ciudad de Santiago de León... en medio de una situación de fragilidad, a pesar de las bondades de su clima y su ubicación privilegiada. Una ciudad que luchaba por hacerse de un perfil urbano, bajo la amenaza de sufrir un despoblamiento definitivo, o de ser mudada de su sitio. Se estaba creando su historia, también sus leyendas. Del crisol de las razas se estaba originando, a partir de su escasa población inicial, un nuevo tipo humano. Ese ser hoy en día prácticamente extinguido, que llevaría con orgullo el apelativo de "caraqueño", comenzó a formar su identidad en aquellos ya lejanos días. 




Techos de Caracas, por Federico Brandt, 1928.
Col. Galería de Arte Nacional. Fuente: CONAC.

Las edificaciones de uso religioso, junto a las construcciones militares, fueron otorgándole fisonomía de ciudad al humilde caserío. A pesar de los daños sufridos por el terremoto de 1641, lograron superponerse, no obstante la situación de pobreza generalizada. El Siglo XVII pareciera que fue de lucha contra el medio ambiente, para lograr estabilizar la ciudad. Terremotos, graves epidemias e inclusive plagas, ese fue el precio que cobró el Valle de los Toromaimas, o Valle de San Francisco, a sus primeros pobladores. 

Al contrario de otras colonias americanas, allí no se habían encontrado grandes vetas de metales preciosos; esto hizo que la ciudad del Ávila, por mucho tiempo fuese una ciudad de tercera categoría, en medio de una de las provincias más pobres del imperio español. Pero había algo, posiblemente su marco natural, que cautivaba a no pocos, quienes quedaban prendados a primera vista de la humilde ciudad. Abundan las descripciones de viajeros visitantes, y la mayoría de ellos la califican de lugar paradisíaco. Tal era la belleza del lugar... 



Fortín de San Joaquín de la Cumbre, en el Camino de los Españoles.
Cerro Ávila, Caracas. Foto: Arnaldo Noguera S. 2013. Lic. CC BY-SA 4.0

A pesar de su relativo aislamiento por las barreras geográficas, la lección aprendida con la invasión de Amyas Preston en 1595, hizo comprender que la seguridad y la protección armada era vital para la ciudad. Desde el puerto de La Guaira, hasta las cumbres de la montaña, una serie de fortines custodiaba la entrada a Caracas; se comunicaban el arribo amenazador de naves piratas mediante señales de humo, o por estruendosos cañonazos. Esto permitía movilizar en pocos minutos los grupos defensivos hacia las posiciones clave.



El Olonés, 1678. Autor desconocido. Del libro por:
Alexandre O. Exquemelin. Fuente:Biblioteca del Congreso.
USA. 
Y es que no era cualquier cosa el vivir bajo la amenaza de un destructivo ataque por filibusteros, la mayoría de ellos eran inmisericordes: las atrocidades cometidas por El Olonés y Henry Morgan, no podían ser tomadas a la ligera. Esa permanente zozobra influiría en el carácter de la ciudad: la semilla hispana, de amplia tradición guerrera, echaría sus raíces en este nuevo suelo. Según algunas opiniones, ese pudo ser el origen de la generación de militares y gente decidida que algo más de un siglo después se encargaría de dar lustre a la historia de Venezuela y de figurar con letras refulgentes en la Guerra de Emancipación. Pero también dejó sus huellas en el militarismo y el caudillismo que han marcado el alma, no sólo de los caraqueños, sino del pueblo venezolano...



Asalto pirata, grabado. Tomado de: jazoera.blogspot.com

El puerto de La Guaira recibiría durante mucho tiempo la visita de corsarios y piratas. Lo que puede llamar la atención y que resulta casi increíble es que durante tantos años, no comprendieran esos "visitantes", que aquí no iban a encontrarse con grandes riquezas, como en Cartagena y Panamá, por ejemplo. Sin embargo, el estímulo que generalmente recibían de los gobiernos de sus países de origen permite comprender que también se trataba de la lucha por quedarse con alguna tajada del botín que significaban estas tierras. De hecho, hasta les resultaron apetecibles algunas islas que en España eran consideradas como inútiles... El Mar Caribe fue testigo de algo así como una guerra sorda, en especial con los ingleses y los holandeses, que terminó cobrando innumerables vidas.  

Por supuesto, tal situación cambió con la explotación del cacao, que atrajo una gran riqueza al país, pero también intensificó las correrías de los temidos piratas y corsarios del caribe.

Tras una larga lista de ataques piratas a lo largo de las costas que hoy pertenecen a Venezuela, resultó la reiterada destrucción de algunas ciudades, especialmente de Maracaibo. Caracas nunca volvería a sufrir otra invasión, como la del referido Amyas Preston. Sin embargo hacia 1679, según algunos importantes historiadores, Caracas fue saqueada por filibusteros franceses... 



Grammont durante un abordaje. De un grabado del Siglo XVII.

Hay que aclarar que ésto tan solo constituye un error y de alguna manera se propagó tal creencia. Es cierto que naves francesas, bajo el mando de aquel conspicuo personaje Francois Grammont, atacaron las costas adyacentes a Caracas, pero jamás entraron en la ciudad hija de Diego de Losada. La confusión aparentemente surge del nombre de una región costera, situada a barlovento de Naiguatá, llamada Los Caracas, cuyas ricas haciendas sí podían significar un cuantioso botín. Tras saquear toda esa comarca, Grammont atacó el puerto de La Guaira...



La Guaira, Ferdinand Bellermann, s/f. Museo estadales de Berlín, Alemania.
Pino Iturrieta, Elías y Calzadilla, Pedro Enrique (1993). La Mirada del Viajero Extranjero en la Venezuela del Siglo XIX.

Según la tradición, gracias a la imprudencia de la mujer del castellano del casi inexpugnable castillo de dicha ciudad, una madrugada pudieron los franceses tomar la fortaleza, para entregarse al saqueo durante dos días. Tras enfrentarse con las avanzadas de los defensores españoles provenientes del Camino Real de Caracas, y de resultar herido, Grammont huyó con numerosos rehenes, en busca de un rescate a cambio. Entre esos rehenes se encontraba el mencionado oficial a cargo, quien era nada menos que el hijo del gobernador de la Provincia de Venezuela.



Fortín El Salto, La Guaira, Venezuela. Fuente: notialternativo.wordpress.com
  A raíz de la amenaza de esos ataques, se reinició la construcción de una muralla defensiva para Caracas, con baluartes y reductos. Para entonces, el gobernador Alberró se quejaba de la indolencia de sus pobladores cuando decía:  ---"Estos holgazanes no tienen experiencia militar y parece que les aterroriza el trabajo". Agregaba además:  ---"Por vida de Dios, no hay blanco por humilde que sea, que haga labor por sus manos". Por supuesto, ese muro nunca se terminaría de levantar, es posible que comprendieran que la verdadera barrera a defender era la serranía que les separaba del mar...



Ruinas de la Iglesia de la Santísima Trinidad, Caracas ca. 1842
Por Ferdinand Bellerman, Galería de Arte Nacional, Caracas, Venezuela. 

Era aquella una sociedad mojigata y clasista, de la cual podría decirse que "llevaba la procesión por dentro"; creciendo en una ciudad de oscuras noches, propicias solo para los encuentros furtivos y fantasmales apariciones. Con sus muy contados y casi heroicos maestros, algo que hacía que por lo general la educación fuera el privilegio de los más ricos... dejando una mayoría de analfabetas. Bajo el gobierno de personajes que abusaban de un poder al cual a menudo habían accedido por dinero: muchos de ellos eran unos incapaces, no pocos violentos y arbitrarios. Aunque hay que anotar que hubo honrosas excepciones. Sacerdotes de armas tomar, que no dudaban en enfrentar a las autoridades civiles. Como dijimos antes: plagas, pestes, terremotos, piratas... ¡Hasta parece un milagro que Caracas haya logrado sobrevivir al Siglo XVII! 



Vista de Caracas, ca. 1902. Autor: Detroit Publishing Co.
Fuente: http://www.loc.gov 
Por entonces se originaron ciertas leyendas, algunas de origen piadoso-religioso, otras nacidas del miedo a aquellas tenebrosas noches. Entre ellas, una de las más hermosas es la de La Virgen de la Soledad, cuya imagen se venera en el Templo de San Francisco. 

Se cuenta que a mediados del siglo, un rico hacendado de Naiguatá, encargó a España esa imagen de la Virgen, como pago a un milagroso favor recibido. Debería ser colocada en el templo de San Francisco en Caracas. Fue realizada con todo esmero, igual a la misma virgen venerada en un convento madrileño, siguiendo sus instrucciones de no excusar gastos de ninguna especie. Ocurrió que al ser transportada hacia su destinatario, ya cerca de las costas de Venezuela se desató una violenta tempestad; los vientos huracanados y la furia de las olas amenazaban con hacer ir a pique la embarcación. El capitán ordenó lanzar por la borda el cargamento, y así fue a dar al mar la gran caja en donde venía la imagen. 



Imagen de la Virgen de la Soledad, iglesia de San Francisco, Caracas.
Tomada del blog: mariafsigillo.blogspot.com

Algún tiempo después, esa caja fue milagrosamente llevada por la marea hasta las playas de Naiguatá y ante la sorpresa general, constataron que se trataba de la Virgen de la Soledad, perfectamente preservada en su triste belleza. Fue entregada al templo de San Francisco un año después, el 17 de marzo de 1654. Desde entonces, es llevada en procesión cada Viernes Santo. Como si a su historia le faltara algo, debemos agregar que la imagen original, que se encontraba en Madrid, fue destruída durante la Guerra Civil Española. Esta vez la milagrosa imagen caraqueña serviría de modelo para tenerla de nuevo en su lugar de origen. Cuando pasen por la esquina de San Francisco en Caracas, bien vale la pena detenerse en su iglesia, y meditar acerca de la historia de la Virgen de la Soledad.

La figura del Nazareno de San Pablo también tiene sus leyendas, y está envuelto en un aura maravillosa, que lo hace realmente especial. Su origen se remonta al Siglo XVII. Más adelante conoceremos algo más sobre él. 



Catedral de Caracas, Ramón Bolet Peraza. Litografía Siglo XIX.
Fuente: vereda.ula..ve/wiki_artevenezolano

Sin duda, lo religioso jugaba un papel preponderante en la vida de los habitantes de Caracas: habían sido inducidos a ello desde la fundación de la ciudad. Pero por desgracia, la superstición iba de la mano con el espíritu místico de nuestros ancestros. Las brujas y demonios venidos de Europa, se asimilaron a los espíritus y deidades de nuestros bosques. Ello unido a los rituales mágicos venidos del África, poblaría de todo género de grotescos y chocarreros entes las tenebrosas noches caraqueñas. Si a esto se une la existencia de algunos oportunistas, que veían en esa oscuridad el ambiente propicio para cometer sus deslices, podremos darnos cuenta del grado de terror nocturno que se debió padecer. Esto ocurrió durante muchas generaciones: creemos no exagerar si decimos que tal situación llegó hasta el Siglo XX.

Cuentan que en cierta ocasión, vivían hacia los lados del Catuche, en una morada muy humilde, un campesino y su esposa. A duras penas subsistían con el fruto del trabajo de él en el campo. Carmen, como ella se llamaba, esperaba un hijo que nacería en cualquier momento. Desde hacía algunos días habían notado que unas personas a quienes no conocían, se les acercaban con insistencia. Pero cuando ella dió a luz, se terminó la tranquilidad; cada noche oían arañar la puerta de su casa, y se escuchaban golpes y movimientos en el techo. La pobre vivienda parecía que iba a desmoronarse, hasta que al fin aquello todo acababa con la salida del sol. Un día el pobre Cruz, como él se llamaba, dijo al salir:

---"No vaya a dejá entrá a naiden, mi Carmen. Entoavía no se que pasó anoche. Pero algo muy feo nos estuvo aguaitando"...

Cuando estuvo afuera, contempló los horribles arañazos, como de una fiera, en la puerta. Y parte del techo, a punto de ceder...

---"¡Ave Mariá Purísima!"... dijo, santiguándose horrorizado al descubrir el cuerpo decapitado de un gallo negro. No le quedaba duda de que se trataba de brujería, de algo diabólico. Partió en búsqueda de una mujer, que tenía fama de faculta en las artes mágicas. Ella debería de ayudarles. 



Pero mejor continuamos con este relato en nuestro próximo capítulo. Se trata de una de esas historias que han pasado de generación en generación, y que poco a poco se ha ido llevando consigo cada viejo que hemos visto partir a lo largo de nuestras vidas. Son las historias que ellos a su vez, escucharon de sus abuelos, son una parte viva de nuestra alma, de nuestras tradiciones. Hasta pronto, amigos viajeros!





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