martes, 29 de enero de 2019

Lecturas selectas.




Tres extractos de libros escritos por los consagrados Isaac Asimov, Arturo Úslar Pietri y Daniel J. Boorstin. Además de un extracto de mi blog. Son fragmentos interesantes, que invitan a profundizar sobre esos temas...



Las Majadas de Pirque, Santiago, Chile.
Foto por: Daniel Delgado


 

miércoles, 23 de enero de 2019

Venezuela Hoy. La Destrucción de un País.



Cada vez se hace más difícil y triste, escribir sobre la crisis de Venezuela. Es algo que nos deja el mismo sabor que al dar una condolencia: el lamento por algo o alguien que se nos fue. Cuánta razón tenían quienes visualizaron lo que vendría, desde hace años y comenzaron a darle el nombre de "ex país". Qué acertada la denominación del infame tirano que se llamó Hugo Rafael Chávez Frías, cuando comenzó a llamarnos "apátridas"; claro, él mismo se encargó de dejarnos huérfanos de patria. Con el vértigo de la vida moderna, la debacle de los últimos veinte años, ha ocasionado a nuestro país, un rezago de al menos un siglo, en casi todos los órdenes del progreso humano. Y ni hablar de la pérdida de libertades, más el pisoteo absoluto de los derechos civiles, allí retornamos a la época de las cavernas...

Apoyados en una fuerza militar incondicional, una pandilla de pillos (asesinos, terroristas y mal vivientes), cometieron el mayor robo de la historia: ¡el de toda una nación! En medio de la ruina general, vemos como florece un narco-estado, con absoluta impunidad, en buena parte gracias a la complicidad interna y foránea. No podemos olvidar como en el año 2003, un grupo de países amigos,  además del Centro Carter y la OEA, contribuyeron a apuntalar la ominosa dictadura de Chávez, cuando la ciudadanía luchaba por desprenderse de esas cadenas. Desde entonces, los aliados del régimen han tenido completa libertad de acción. En otras palabras, hasta ahora nadie ha podido intervenir a favor de los venezolanos... pero en su contra, hay luz verde para hacerlo. Sobran los ejemplos de complicidad externa. Todavía en el presente, vemos como los aliados del régimen invaden el territorio nacional, con total descaro.

Ya no quedan palabras para expresar el dolor y la indignación, ante la impunidad con la que actúan las fuerzas que apoyan al gobierno. Asesinatos cometidos con flagrancia, amenazas, grotescas burlas; así se comportan estas hienas humanas, mientras siguen paseando su mal habida riqueza, de manera descarada, por todo el mundo. Niños asesinados, jóvenes desfigurados. Violaciones, utilización de los presos políticos como moneda de negociación. Es una situación que asquea. Sin duda alguna, que tanto dolor y tanta rabia, han causado daños a la salud física y espiritual de una gran cantidad de personas. Muerte, ruina, la destrucción tantos proyectos de vida, la disgregación familiar. La verdadera magnitud del daño ocasionado, jamás podrá ser evaluada. ¡El chavismo acabó con Venezuela!

De igual modo, es imposible pasar por alto el comportamiento de la oposición política. ¿Cómo olvidar que uno de los primeros objetivos que se planteó Chávez, fue el tener una oposición "a la medida de su gusto"? ¡Vaya que lo logró! De esperanza en esperanza, de promesa en promesa, con encantadores "cantos de sirena", han conseguido sobrellevar la situación durante todos estos años. Siempre canalizando el descontento popular, para invariablemente conducir a nuevas frustraciones, que de tanto repetirse van minando el ánimo general. Elecciones que no traen ninguna mejora, referenda, plebiscitos, marchas, diálogos con el régimen, agendas ocultas. En fin, solo se han dedicado a mantener encendida la llama de la esperanza.

Pero ¿cuáles han sido los resultados? ¿en verdad, vamos bien? La respuesta salta a la vista, el país nunca estuvo tan mal. Sin embargo, hay todavía algo peor, y es que la caída no se detiene: ¡nunca se toca fondo! Mientras, no hay más que fijarse el modo de vida de unos cuantos dirigentes políticos del gobierno y de la oposición, para entender la triste realidad. Han utilizado esa posición, como trampolín para una vida mucho mejor; es algo imposible de disimular. De manera sorpresiva, ahora muchos resultaron ser "ricos de cuna". 

Como verdaderos desplazados por una guerra, hoy los venezolanos deambulan por medio mundo. A pesar de la innegable solidaridad internacional, la solución verdadera al asunto no radica en ese tipo de ayuda. El problema sigue siendo el régimen tiránico, que como una manzana dañada, amenaza con traer problemas mucho más serios a toda la región, tal vez a todo el hemisferio. Es evidente que un pueblo desarmado, jamás logrará liberarse de la pandilla que lo mantiene secuestrado, que además cuenta con el apoyo irrestricto de grupos terroristas internacionales, y muy importante, de naciones que claramente defenderán sus turbios intereses en el país, por encima de cualquier cosa.

Expertos en ganar tiempo, es bien sabido que todos los mecanismos internacionales cuya intervención es permitida por el régimen, es porque le son favorables. La visita de la expresidenta Bachelet, al igual que todas las reuniones de diálogo entre gobierno y oposición, no han hecho más que darle aire al dictador de Venezuela. Las acciones del supuesto presidente encargado, Juan Guaidó, no han conducido a ninguna mejoría de la situación: ¡Todo lo contrario! Se va a ir este año, y el país sigue de mal en peor. Los generales de mil derrotas de la MUD, siguen tomando las decisiones importantes e insisten en la vía de la negociación y de las elecciones. Nada sería más satisfactorio que equivocarnos al respecto, pero con esa gente y con esa táctica, jamás se resolverá el problema venezolano. Por la vía electoral y con negociadores sospechosos, no habrá solución posible.

Queda solo la opción de una intervención militar o al menos la ayuda con armas. Es la única manera de desalojar a los delincuentes que mantienen ocupada a Venezuela. No es la primera vez en la historia que un país necesita ayuda y se le ha brindado... Las consecuencias internacionales y el costo político por no actuar, estamos seguros que serán peores, mientras más se deje pasar el tiempo. Hace rato que este, dejó de ser un problema doméstico. La fuerza del mal está a punto de vencer y luego va a ser muy difícil de detenerla...

domingo, 13 de enero de 2019

Mito de Teseo y el Minotauro

Muchos de nosotros sin duda recordamos aquella impactante escena de la película “El Resplandor”: como el personaje Jack Torrance, magistralmente interpretado por Jack Nicholson, en medio de su locura, o tal vez de una posesión demoníaca, persigue a su pequeño hijo, hacha en mano, a través de un gélido laberinto vegetal. Al final, él termina extraviado y muere de frío, mientras el niño logra escapar.

La palabra laberinto se ha convertido en sinónimo de dificultad, de problema de muy complicada solución. Podemos decir que existen laberintos físicos, materiales, pero también los hay mentales... No hay que olvidar que basados en esta idea, se han diseñado interesantes pasatiempos y juegos.

Durante siglos, los nobles y acaudalados amos de palacios y castillos, gustaron de la decoración de sus jardines con ingeniosos laberintos, formados por setos hábilmente mantenidos. Aquellos vistosos vergeles eran ideales para el juego y la distracción de los cortesanos, pero a menudo resultaron muy propicios para ardorosos encuentros románticos.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Un Relato Navideño.

No crean que siempre ha sido fácil para mí el creer en la Navidad, en la conmemoración del nacimiento de Jesús el Redentor. Durante mi niñez, la idea de la existencia del Dios Niño, fue lo más natural del mundo. Juguetes, manjares, las infantiles alegrías de mis primeros años, hicieron del mes de diciembre, una época maravillosa. Pero, el abrir de los ojos a la razón comenzaría a hacernos meditar… ¡no todo era felicidad!, de hecho, descubrimos que un sinnúmero de personas jamás había conocido la más pequeña alegría en la Nochebuena.

La vida ha sido gentil conmigo. No puedo quejarme: de todas las tempestades, he logrado salir a flote. Debería agradecer a la vida, al universo o a Dios… a veces, ¡hasta he llegado a creer que soy un elegido del destino! Ah, pero a pesar de ello, dentro de mí también habita la duda. He de aceptar que en nuestra naturaleza está implícito el derecho a hacernos preguntas. ¡Si hasta los santos y profetas tuvieron sus dudas y flaquezas! Elías, San Pedro, Santo Tomás… hasta el mismo Cristo tuvo sus momentos oscuros. Yo, que soy solo un mortal común, ¿cómo no me va a asaltar la incertidumbre?

A medida que trepamos por la cuesta de nuestra existencia y hemos llegado a contemplar el rostro real de la vida, se nos ocurre: ¿no será todo aquello meramente un cuento? Desde los tiempos remotos, los hombres festejaron la llegada del solsticio de invierno. No parece ser muy difícil que una celebración de origen pagano, haya terminado por ser asimilada por los primeros cristianos, transformándola en la conmemoración del nacimiento del Redentor de la humanidad… ¡nada más y nada menos! Pareciera quedar al trasluz que tan solo se trata de una simbología ¿Por qué fue elegida esa fecha y no otra? Me pregunto: ¿Por qué no ocurre lo mismo con la Pascua de Resurrección y los días Jueves y Viernes Santo? En lugar de tener una fecha fija, como ocurre el veinticuatro de diciembre, estos eventos fluctúan entre los meses de marzo y abril ¡qué extraño es eso! ¿Quién arreglaría las cosas de esa manera algo caprichosa?

También sé que estas “dudas razonables” en modo alguno son originales mías. Entonces, ¿por qué tantas personas, a lo largo de todas las épocas, se han aferrado a la esperanza de creer en cosas que lucen improbables? Y sin embargo debo confesarlo, a mí también me ocurre: ¡necesito creer en algo! A todo esto, debo añadir que a través de mi experiencia, he podido constatar que no todo lo que pasa alrededor nuestro posee una explicación razonablemente lógica: durante mi vida he contemplado innumerables situaciones “extrañas”, de esas que caen en el fértil e imaginativo campo de las coincidencias. ¿Pero, cómo pueden ocurrir tan a menudo? Esto trae a mi memoria, el recuerdo de una de esas curiosas experiencias, que a uno lo dejan meditando. ¿Quieren escucharla?

Todo ocurrió en Roma, como casi siempre, de la manera más inesperada. Roma es una ciudad hermosa, llena de historias. Particularmente (tal vez muchos no opinan lo mismo), a mí me agrada el otoño y el comienzo del invierno, con sus frías ráfagas de brisa, ideales para buscar guarida en sus cafés y restaurantes, protegidos del frío. Sus arboledas, que aún se resisten a perder su pardo follaje; las luces navideñas, pero sobre todo, sus elegantes mujeres, quienes parecen salidas de un desfile de modas, luciendo la colección otoño-invierno de algún conocido diseñador. Todo eso atrapa mis sentidos y me seduce sin remedio. Pasear hasta la Fontana de Trevi en una de esas frescas noches, convida a regresar para de nuevo dejar caer una moneda en sus cristalinas aguas. Tal vez piensen que estoy demente, pero algo que me encanta, es buscar una gelateria por las inmediaciones y saborear un rico helado, tal vez de pistache, servido en un cono. Para mí eso es como sentir el toque de la Dolce Vita.

En la mañana de aquel día inolvidable, tras un suculento desayuno, tomé el transporte que me conducía desde mi confortable hotel, en Aurelia Antica, hasta la esquina de Ottaviano. Allí continué, utilizando el Metro. El impacto de salir del subterráneo y toparse cara a cara con el Coliseo por vez primera, es algo muy especial, puedo asegurarlo. Recorrer esas conmovedoras ruinas, para luego continuar hacia el Foro Romano y al Campidoglio, dejando que la tarde caiga mientras caminamos, nos hace evocar tiempos de gloria y decadencia, como pocos lugares en el mundo. Al pasear por esa urbe eterna, sin sufrir el bochorno de otras épocas del año, podemos escudriñar sus infinitos rincones, que tal vez oculten secretos que nunca serán revelados. No me cabe duda alguna: amo esta ciudad cuando es acariciada por la fresca brisa de octubre.

De nuevo el Metro… con sus paradas y salidas por el lado izquierdo o derecho, cuidadosamente anunciadas en italiano por una agradable voz femenina. En el Vaticano y en la Capilla Sixtina, fuimos deslumbrados por el lujo y el esplendor de sus tesoros, por su imponente arquitectura y sus obras de arte, todo hecho con los más finos materiales. Un lugar donde la genialidad de Miguel Ángel parece flotar inmarcesible, es como para dejar boquiabierto a casi cualquier ser humano.

Pero sin percibirlo, en mi cabeza comenzó a tomar cuerpo una idea. Al igual que ocurre a tantas otras personas, nos llega a resultar chocante el que tanto lujo y belleza, puedan convivir junto a una dolorosa miseria. Aquellos seres que imploran por limosna, casi besando el suelo a nuestros pies, coexistiendo junto a la hipocresía de una actitud conmiserativa teatral. Es algo que no tiene en absoluto nada que ver con la magnificencia que mora tan solo unos metros más allá... De inmediato se inició uno de mis forcejeos mentales con Dios, con La Fe, ¡conmigo mismo! ¿Qué casta de “sumos sacerdotes” regentan nuestra religión? Ante su marcada impotencia para resolver tan triste situación, ¿no sería más honesto el renunciar a la vida de lujo que llevan estos “santos varones”?

Aquella noche casi no pude dormir, me conformé al pensar que los “ministros de Dios” no son sino seres humanos, tan imperfectos, o aun más que nosotros, sobre cuyos resbaladizos hombros reposa la cúpula de San Pedro. Por cierto, ellos en nada resultan semejantes a la admirable piedra original, que Jesús eligió para levantar la Iglesia Católica. Antes de ser vencido finalmente por el sueño, mi pensamiento fue: “Señor, si realmente existes, te pido no humildemente, que me envíes alguna señal. Esta podredumbre envuelta en mármol y oro, no es justa. Así sea una pequeña señal, ¡yo sabré captarla!” Una extraña paz se apoderó de mí, y dormí hasta muy avanzada la mañana.

Tras un rápido desayuno, de nuevo a pasear por la ciudad. Nunca se cansará uno de ella, y jamás llegará a contemplar todas sus maravillas. Bernini, con sus esculturas a las que solo les falta hablar… ¡cuánta belleza! El Imperio, el Renacimiento, todo está allí para nuestro deleite. Con cierta vergüenza, he de confesar que durante casi todo el día olvidé mi atormentada vigilia de la noche anterior. Entonces comenzaron a ocurrir extraños eventos. No pude pasar por alto la amabilidad con la cual comencé a ser tratado. El trato a veces hosco, que es proverbial en los italianos (debo aclarar que no es todo el tiempo, ni son todos ellos) se transformó como por arte de magia en una agradable dulzura.

Me considero una persona de rasgos normales, más bien feos. Por extraño que resulte, ese día dos personas: una de ellas en una tienda y la otra en una plaza, luego de quedarse viéndome, al fin se acercaron a mí y me hablaron. En su idioma, el cual entiendo, aunque no lo hable muy bien, dijeron casi las mismas palabras: —-“disculpe, pero no pude evitarlo, su rostro me parece familiar, es tan hermoso y refleja tanta bondad”. Fueron un hombre y una señora de quienes escuché aquello, ¡lo puedo jurar! Con ambos conversé y les agradecí su amable, aunque extraña actitud. Por supuesto, a la segunda vez ya me resultaba muy curiosa tal situación. Al final de la tarde de nuevo tomé el tren, de regreso a mi ya familiar esquina de Ottaviano. Entonces ocurrió algo que no podré olvidar jamás.

Viajaba absorto por los extraños sucesos de la tarde, mientras lentamente iba descontando las estaciones que faltaban para mi destino, en un vagón medianamente ocupado: no eran pocos los viajeros a esa hora. En ese momento vino directo hacia mí, como si no hubiese nadie más, una joven pedigüeña, con un niño en sus brazos. En verdad les aseguro que no vi que ella le pidiera a alguien más. Maquinalmente, hurgué en mi bolsillo para darle algunas monedas, cuando reparé en la cara de la ragazza. Aquel era el rostro más bello que yo jamás haya podido ver. Sus facciones parecían salidas del pincel de da Vinci o más bien, de Botticelli… y aun más hermosa, si me preguntan. Casi lloro al contemplarla, ¡nunca la olvidaré! y el bebé en sus brazos era un verdadero ángel. Pensé: “Dios, ¡gracias, estás aquí!” Con un grácil gesto, ella agradeció las monedas y de nuevo se perdió entre los pasajeros. Por un instante, yo quedé petrificado. Con lágrimas en los ojos, descendí en mi estación y caminé un corto trecho, para tomar el bus que me llevaría de vuelta hasta el hotel.

Por supuesto, mi mente lógica comenzó a formular variadas hipótesis, todas ellas girando alrededor de la “casualidad” como posible explicación. Pero ese día, cercano a la maravillosa Navidad del año de 2008, me sentí absolutamente iluminado por la presencia de Dios. Si había pedido una manifestación divina y no entendía que ella había ocurrido durante casi todo el día, hubiese sido un gran acto de ceguera y de una pobreza espiritual sin límite. Deseo recalcar que no es la primera vez que me ocurren cosas que no tienen una fácil explicación. Aunque he vuelto a tener mis ratos de rebeldía o duda en muchas otras ocasiones, al final siempre encuentro el modo de reconciliarme con Él y sentir la paz del espíritu, aun en medio de la peor tormenta.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Leyendas Vikingas cortas (5).






Para cerrar nuestro ciclo de sagas y leyendas nórdicas, les preparamos este pequeño grupo de audios, cuyo texto fue tomado del hermoso libro “Leyendas Nórdicas”, recopilación de Antonio Urrutia Raspall, segunda edición 1968, por Ediciones AFHA Internacional,  S.A.

Esperamos que sean de su agrado, al igual que este ciclo de leyendas...

Saludos!




                                                         Cómo Fue Creada Seeland...