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miércoles, 1 de julio de 2020

Roma, la Ciudad Eterna (parte 4).


Ruinas de Pompeya. Foto: Daniel Delgado, 2010.

Uno de los objetivos fundamentales en el estudio de los hechos del pasado, es el de comprender los datos disponibles, para poder reconstruir lo ocurrido durante algún período histórico, Por supuesto, en muchas ocasiones, esto no es una tarea sencilla. Puede pasar como en el caso del Antiguo Egipto: abundaba la información, pero no se lograba interpretar. O como con los Sumerios, con una historia que permaneció enterrada bajo toneladas de sedimentos. Tal vez, un hallazgo casual, como sucedió con Pompeya. ¿Qué decir de Troya, y su descubrimiento por alguien que creyó en las leyendas homéricas? También es posible encontrarse con enigmas aparentemente indescifrables, abundan los ejemplos.

miércoles, 24 de julio de 2019

Roma, la Ciudad Eterna (parte I).



Maqueta de Roma, época de Constantino, por Ítalo Gismondi, ca. 1937.
Foto: Annie Dalbéra, 2011. Lic. CC BY 2.0

Es innegable la influencia que ejerció Roma sobre lo que conocemos como "la Cultura Occidental". Durante varios siglos, ellos impusieron su poder de manera omnímoda, sobre todo el occidente civilizado. Y eso es algo, que nunca más volvería a ocurrir en la Historia... La Pax Romana, a pesar de todos sus defectos, permitió cierta unidad cultural a lo largo de sus extensos dominios, lo que a la postre acarrearía interesantes consecuencias. Aunque la decadencia y caída de aquel imperio, significó el inicio de un período de estancamiento, su semilla benefactora había quedado bien sembrada en el espíritu humano.

jueves, 11 de agosto de 2016

El Alba de la Civilización.


El Hombre de Vitruvio, por Leonardo Da Vinci, ca. 1492. Galería de la Academia, Venecia
Foto por: Luc Viatour/ www.Lucnix.be

No existe duda de que los procesos evolutivos discurren de un modo extremadamente lento. El hombre actual es el producto de los cambios ocurridos a lo largo de períodos tan largos, que nos resultan difíciles de asimilar. Podría decirse, que todo se inició en África, hace unos catorce millones de años, cuando algunos primates comenzaron a "bajar de los árboles", por motivos que no están claros. Ellos, en su nuevo hábitat, debieron aprender a cazar y a defenderse, organizándose en manadas. Las relaciones causa-efecto, ¡y el paso de varios millones de años! fueron llevando a los homínidos a adquirir la capacidad de andar erguidos, mientras que aprendían a utilizar las manos, con creciente destreza. Más adelante descubrirían como obtener los beneficios del fuego, además de aprender a fabricar rudimentarios utensilios. Una mayor habilidad para comunicarse entre ellos, y el aumento de la capacidad craneana, sería la manifestación de los progresos alcanzados por los ancestros del hombre actual.