miércoles, 29 de julio de 2026

Carlomagno y la formación de Europa (Parte 6. El rey guerrero )

 

Coronación de Carlomagno como emperador, por el papa León III

Desde su ascenso al trono, guiado por el fervor religioso, pero a la vez poseído por el irrefrenable afán de ampliar sus dominios, Carlomagno dio inicio a una especie de cruzada personal. 

Comenzó por fijar su mirada al otro lado de la frontera oriental de su reino. De entre todas las tribus germánicas establecidas en esas regiones, a fin de cuentas, solo se toparía con la empecinada resistencia del pueblo sajón. Estos, simplemente se negaban a renunciar a sus creencias ancestrales, tal vez tanto o más que a su libertad… Fueron necesarios más de treinta años, ríos de sangre derramada y deportaciones masivas, para conseguir su final rendición.


Carlomagno ordena derribar el Irminsul, árbol sagrado de los sajones

Sin embargo, el monarca jamás parecía quedar satisfecho. Traspasando el límite natural demarcado por el río Elba, decidió también anexarse los territorios ocupados por los laboriosos y pacíficos pueblos eslavos. Para entonces, estos intentaban librarse de la opresión de los invasores ávaros, un pueblo nómada de origen asiático. 


Combate de Carlomagno y sus aliados, contra los ávaros.

En el año 804, las fuerzas combinadas de Carlomagno y sus aliados, pudieron acabar con ellos. Y terminaron haciéndolo de manera literal! A fin de cuentas, los eslavos sólo parecían haber cambiado de dueño. Pero la gran distancia entre aquellos territorios y los centros del poder imperial, les permitió seguir adelante con sus vidas, sin sufrir demasiadas presiones. 

En la península de Bretaña, ubicada al oeste de sus dominios, Carlomagno también había tenido éxito, al lograr la sumisión de sus valerosos y duros habitantes.


La corte de Abderramán I, en Córdoba.

Sin embargo, hacia el suroeste, más allá de los Montes Pirineos, estaba lo que en verdad le espantaba el sueño. Se trataba de la amenazadora presencia de los musulmanes. Allí, en las tierras ibéricas, gobernaba Abderramán I, el último descendiente de la dinastía de los omeyas. A sangre y fuego se había hecho con el poder y escogido la ciudad de Córdoba como capital del emirato. En honor a la verdad, la mayoría de los conflictos durante su reinado, fueron producto de las intrigas entre los mismos musulmanes, más que con los cristianos o con los judíos, como era lo usual.

 
Un grupo de valíes, opuestos al emir, se acercó a Carlomagno, 
llevando una inesperada proposición...

Pareciendo aplicar el viejo adagio, de que el enemigo de mi enemigo, es mi amigo, un grupo de valíes, opuestos al emir, se acercó a Carlomagno, llevando una inesperada proposición. Estaban dispuestos a convertirse en sus vasallos, a cambio de su ayuda en contra de Abderramán. Por supuesto, ellos pretendían conservar todas sus prebendas. Teniendo en mente la expansión del imperio y el retorno del cristianismo a las tierras hispanas, el rey de los francos aceptó.

Creyendo que podría matar dos pájaros de un solo tiro, aprovecharía también para poner en cintura a los rebeldes vascones de las montañas del norte, que tantos problemas le venían ocasionando. 

No obstante, esta vez todo pareció salir mal. Traiciones, indecisiones y la guerra en varios frentes al mismo tiempo, se combinaron para que sus planes se vinieran al piso. Luego de muchos trabajos, hacia el año 801, Carlomagno solo consiguió establecer una zona protectora, de unos ochenta kilómetros de ancho, ubicada al sur de los montes Pirineos. Se extendía desde Barcelona hasta Pamplona. Esta zona sería mejor conocida como la Marca Hispánica.


Batalla de Roncesvalles y muerte de Roldán.

Durante esa guerra, en agosto del 778, se produjo un episodio que bien podría haber quedado en el olvido, excepto por algunos detalles. El hecho ocurrió durante la retirada de los francos a través del desfiladero de Roncesvalles, en los Pirineos, mientras marchaban hacia la lejana Sajonia. Allí, la retaguardia de Carlomagno fue  emboscada y por completo masacrada.

Pero quienes produjeron el ataque? Aunque todavía existen dudas al respecto, hoy se acepta que se trató de una coalición entre las fuerzas árabes y la guerrilla vascona. Allí, ese día, entre los numerosos caídos se encontraba un caudillo bretón, cuyo nombre era Roldán...


Los juglares y trovadores habían deleitado a la gente,
 contando las proezas de héroes...


Por mucho tiempo, los juglares y los trovadores habían deleitado a la gente, contando las proezas de héroes valerosos, con sus espadas mágicas, aventuras y romances. Pues bien, ocurrió que por obra de la imaginación de algún inspirado bardo y de los curiosos azares de la fortuna, la narración del episodio en Roncesvalles, llegaría a convertirse en una notable obra poética: el Cantar de Roldán, o la Canción de Rolando. Allí, es exaltada su imagen, hasta convertirlo en un ser ideal. Algo así como el perfecto caballero cristiano. Escrito a finales del siglo XI, es el texto épico, en lengua romance, mejor conservado hasta el día de hoy. 

Pese a lo que dictan las apariencias, Carlomagno no parecía ser demasiado fanático, en los asuntos religiosos. O tal vez había aprendido a poner a un lado esos temas, cuando las conveniencias políticas así lo requerían. Prueba de ello, es la gran amistad que existió entre él y el califa abasí de Bagdad, el famoso y legendario Harún al-Rashid. Durante años, ambos intercambiaron embajadas, además de valiosos presentes. 

Harún al-Rashid recibe a los emisarios de Carlomagno en Bagdad...



Una cosa es cierta, la alianza entre ellos, a la postre demostró ser provechosa. Durante el estallido de la guerra entre los imperios franco y bizantino, hacia el año 802, estos últimos se encontraron en una posición incómoda. Por un lado, estaban lidiando con los francos y por el otro, estaban sufriendo la presión permanente de los musulmanes. Por ese motivo, en el año 810, decidieron buscar un acuerdo de paz con el monarca carolingio, llegando incluso a asomar la posibilidad de reconocer a Carlomagno, como emperador de Occidente.


Muerte de Carlomagno.



Carlomagno murió en el 814. Contaba con 72 años, sin duda una edad avanzada para aquellos tiempos. Había gobernado durante largos 46 años, la mayoría de los cuales dedicó a la guerra. Su muerte fue llorada por muchos, lo que habla de su grandeza como rey. No tardó en adquirir un aura legendaria y alrededor de su existencia comenzaron a tejerse historias, no pocas de ellas inverosímiles. 

Entonces, el imperio parecía estar en su apogeo, firme y estable. Pero no estaba destinado a perdurar. La pésima costumbre de los reyes francos de dividir el reino entre sus hijos, plantó la semilla de una desastrosa guerra civil, no mucho después. Por ese motivo, el imperio carolingio comenzó a desintegrarse de manera gradual, hasta su disolución final, en el año 887. 




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