Allí quedó el cuerpo exánime del héroe, a la vista de todos. Una flecha envenenada lo había herido, justo en el talón, donde no alcanzaba la protección de las relucientes grebas. Se cerraba así la elipse de una existencia breve, pero intensa y siempre signada por la fama. La profecía de su vida se había cumplido.