domingo, 8 de febrero de 2026

Carlomagno y la formación de Europa (Parte 4. Carlomagno Rey).

 

Dominio de los herederos de Pipino el breve, en el año 768.
Fuente: blog http://enunviejolibro.com

A la muerte de Pipino, el reino fue repartido entre sus dos hijos. Carlos, de 26 años, heredó las regiones costeras, que iban desde el Atlántico, hasta el Canal de La Mancha. Dentro esa porción, estaba situada parte de la Aquitania, aún no completamente pacificada. Formando una especie de arco, sus dominios se extendían hasta las comarcas nororientales del reino, correspondientes a Austrasia. 

La región central, incluyendo todos los territorios situados al noroeste de Los Alpes y parte de Neustria, correspondieron a Carlomán, de solo 17 años. Una vez más, el reino franco se encontraba dividido. Pero a fin de cuentas y de nuevo, el más fuerte de los príncipes herederos, se las arreglaría para quedarse con todo. 


Castillo de Bonaguil. Ubicado en la antigua región de Aquitania. Su origen data del Siglo XIII. 
Foto: Rinaldum, usuario de fr.wikipedia. Año 2002. Lic. CC BY-SA 3.0


Los aquitanos iniciaron un levantamiento, creyendo sacar provecho de la inexperiencia del nuevo rey. Lejos estaban de imaginar la capacidad y la firmeza de Carlos. Sofocó la rebelión de un modo tal, que los aquitanos terminaron por añorar los viejos tiempos de Pipino el breve. Algo se hizo evidente durante la revuelta, Carlomán, el hermano menor, no mostró la menor voluntad de acudir en auxilio de Carlos. Era esa, una clara señal de la división entre ellos. 

De ese modo, se iniciaba el camino de Carlos, lleno de escollos y retos; de un perenne y exitoso batallar. Por sus triunfos y sus logros, recibiría el nombre de Charlemagne, o Carlomagno, como se le conoce en español. 

¿Cómo era el futuro emperador? Comencemos por decir, que su sola presencia  inspiraba respeto y admiración, debido a su elevada estatura, de 1,92 metros. Era casi un gigante, según los cánones de aquella época. Se dice que la medida de su pie, dio origen a la unidad de longitud del mismo nombre. Al llegar a la madurez, se dejaría un grueso bigote. La “barba florida”, con la que se le representa comúnmente, parece ser un fruto del imaginario medieval. Corpulento, incluso obeso, gozó de una excelente salud durante casi toda su vida. Por cierto, odiaba a los médicos. 

Como resulta fácil de suponer, él era hombre de buen comer. En cambio, la bebida no figuraba entre sus hábitos. El timbre de su voz era un tanto agudo, según relata alguno de sus biógrafos. Gustaba de la vestimenta típica de los francos, con camisas y calzones de lino. Medias largas, con bandas enrolladas alrededor de las piernas. Túnica corta y por encima, capa o chaqueta de piel, según el clima reinante. 

Él nunca aprendió a escribir. Su firma era un simple monograma, que contenía las letras K, R, L, S, dispuestas en forma de cruz, en cuyo centro, estaba la vocal "o". La educación que recibió, fue meramente de tipo oral. Solía escuchar lecturas de contenido religioso, político e incluso filosófico. En la corte de su padre, absorbió el conocimiento básico del manejo del gobierno y de la política exterior. La vida y el continuo batallar, culminarían su formación. Con los años, se convirtió en un hombre muy devoto, dotado de profundas convicciones religiosas. Pero junto a sus innegables cualidades, en el existía un lado obscuro. De acuerdo a las circunstancias, podía transformarse en un ser cruel y sanguinario. 

Una vez controlada la revuelta de los aquitanos, Carlos eligió a su ciudad natal, Aquisgrán, como la capital del reino. Dicha ciudad, estaba emplazada en la región de Austrasia. A todas estas, los acontecimientos eran seguidos con sumo interés por Desiderio, el rey de los lombardos. Posiblemente suponía que en algún momento podría obtener algún beneficio de la mezcla de inexperiencia y falta de cohesión entre los hijos de Pipino. A su vez, Bertrada, la madre de los jóvenes reyes, aspiraba a preservar la paz entre ellos. Pero al mismo tiempo, no ocultaba cierta simpatía por el monarca lombardo. De algún modo, ella se las ingenió para convencer a Carlos, de desposar a una de las hijas de Desiderio. Tal vez entre sus cálculos estaba la unificación de ambos reinos…

Sobre esos hechos, siempre ha habido cierta confusión. Hasta el presente, no existe un acuerdo entre los estudiosos. Nos atendremos a una de las versiones. Carlomán I, se casó con una princesa de origen franco. El nombre de ella era Gerberga. Mientras tanto, Carlos contrajo nupcias por segunda vez, ahora con Desiderata, hija del rey de los lombardos. Sin embargo, el papa Eduardo III vetó esa unión, llegando al extremo de dar por nulo el vínculo matrimonial. Parece probable que en esa decisión privaron los intereses políticos, por encima de cualquier consideración religiosa 

Como resultado de ello, Carlos decidió repudiar a su esposa y la envió de regreso a Pavía, a la corte paterna. Para el rey Desiderio, no había otro modo de tomar aquello sino como una ofensa. Una afrenta como esa, merecía una respuesta contundente. Sin embargo, bien sabía él que los francos eran un hueso muy duro de roer. Tendría que encontrar algún modo para limpiar su honra.

Carlos no tardó en conseguir una nueva esposa. Esta vez se casó con una adolescente de sólo trece años y de ascendencia germánica. Su nombre era Hildegard. A la postre, ella sería la madre de quien habría de sucederle en el trono. En ese tiempo, la relación entre los hijos de Pipino iba de mal en peor, soplaban vientos de guerra entre ellos. Pero entonces ocurrió algo inesperado... ¡al menos en apariencia! A los veintiún años de edad, en el 771, Carlomán I murió por causa de una hemorragia nasal incontrolable. Dejó esposa y dos hijos pequeños. No cabía duda: ellos eran los herederos de la mitad del dominio de los francos. Gerberga, la viuda, bien podría fungir como regente, mientras los príncipes alcanzaban la edad apropiada. 


Efigie de Carlomán I, en su tumba. Siglo XIII. Basílica de Saint-Denis. París, Francia. 
Foto tomada del blog battleroyalepodcast.wordpress.com


Pero Carlos, el hermano mayor, no iba a arriesgar la estabilidad de esa parte del reino, que en esos momentos se encontraba a la merced de cualquier usurpador suficientemente audaz. Sin pérdida de tiempo, con la rapidez y la contundencia acostumbrada, se apoderó de esos territorios. Quedaba así como rey de todo el ámbito franco, que una vez perteneciera a su padre, Pipino el breve. Sin detenerse a pensarlo mucho, Gerberga tomó a sus hijos y corrió a buscar refugio en Pavía, en la corte lombarda. Esto desencadenaría muy pronto una serie de acontecimientos graves y de gran trascendencia. 

Influido por la viuda de Carlomán, Desiderio intentó conseguir el reconocimiento de los jóvenes herederos, por medio de la unción papal. ¡Se trataba de una causa justa, eso estaba claro! Aunque tras ella, se ocultaba su verdadero propósito: encontrar aliados, para declarar la guerra a Carlos. Por desgracia, no había mucha gente dispuesta a acompañarlo en esa cruzada. 

El nuevo papa Adriano I apenas asumía el cargo y tampoco se mostró muy diligente. En su frustración, Desiderio optó por invadir los Estados Pontificios y sitiar a Roma con su ejército. Creyó que de ese modo forzaría al papa a tomar la decisión deseada.  Pero el papa nuevamente solicitó la ayuda de los francos. Estos, en su totalidad habían aceptado a Carlos como su rey. Muy tarde, el monarca lombardo comprendió su enorme error, al iniciar un conflicto en el que no tenía la menor oportunidad de salir triunfante.  

En el año 773, por tercera vez, los francos cruzaron los Alpes, para ir en contra de los lombardos. De nuevo los derrotaron y pusieron bajo asedio a la ciudad de Pavía. La ciudad soportó durante nueve meses, pero finalmente, en el otoño del año 774, se rindió. El futuro Carlomagno, a diferencia de su padre, no creía en promesas. Desiderio hubo de abandonar el trono, permaneciendo como cautivo de los francos, por el resto de su vida. Ese mismo año, Carlomagno se coronó como rey de los lombardos. Así, el norte de la península italiana quedó bajo el dominio franco. ¡Y así se mantendría durante los próximos mil años! 

Gerberga y sus hijos habían buscado refugio en Verona, pero de igual modo cayeron en las manos del inflexible triunfador. De ellos, no se supo más... En realidad, no hay referencias confiables acerca de su destino. Con un toque benevolente, algunos historiadores han supuesto que fueron dejados en las manos de las órdenes religiosas, al igual que ocurrió con Desiderio y su familia. Lo cierto es que a partir de entonces, los papas comenzarían a dormir más tranquilos. Los lombardos jamás volvieron a ser una amenaza. Además, quedó confirmada la Donación de Pipino y se estableció una estrecha relación entre el rey y el Sumo Pontífice. 

Sin embargo, no tardarían en ocurrir algunas fricciones entre ellos, que no por silenciosas, dejaban de ser reales. Los papas no se conformaban al ser relegados a un papel secundario, en las cuestiones políticas. Muy pronto, actuarían en consecuencia. 

Continuará...




     

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