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| Carlos Martel divide el reino entre sus dos hijos, Carlomán y Pipino. Autor desconocido. Siglo XIV. Biblioteca Nacional de Francia. |
Finalmente, todo el poder del ámbito franco quedó en las manos de Pipino III, apodado el Breve. Él era uno de los hijos de Carlos Martel y al contrario de este, decidió que era tiempo de poner fin a aquel absurdo, de mantener a un completo inepto ocupando el trono. ¿Pero cómo hacerlo sin quedar como un usurpador?
Quitarse de encima al rey merovingio, al primer vistazo, parecía ser una labor sencilla. Sin embargo, era mejor proceder con cautela y meditar antes de actuar. El fantasma de la guerra civil era algo que seguía allí, amenazador, debido a la actitud pendenciera de algunos miembros de la nobleza.
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| Childerico III. Por Émile Signol, ca. 1838. Museo de Historia de Francia, Palacio de Versalles. |
En cuanto a aguardar a que el monarca falleciera por causas naturales, para luego mantener el trono vacío, como lo hizo su padre, no parecía ser la mejor opción, ya que hasta entonces, el rey Childerico III gozaba de buena salud. Algo era cierto, según la tradición del pueblo franco, la corona pertenecía a la familia Merovingia, por voluntad de Dios. Y eso no admitía discusión, a menos que...
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| Roma medieval. Ilustración de las Crónicas de Nuremberg, 1493. Escaneado por: Michel Wolgemut, Michel Pleydenwurff. {{PD-US}} |
En realidad, el momento no podía ser más oportuno. En Roma, el papa Zacarías se encontraba en serios aprietos. Enfrentaba la amenaza de los lombardos, muy dispuestos a adueñarse de toda la península itálica. Ellos habían sido los más favorecidos por la insensata rivalidad entre la Iglesia Romana y el Emperador bizantino, representado en Italia por el exarca de la ciudad de Rávena. En la medida en que los papas aumentaban su influencia en lo político, lo contrario ocurría con el exarcado. Tanto fue así, que para la segunda mitad del siglo VII, estos personajes solo controlaban el territorio que tenían bajo sus pies.
Los papas siempre vieron a los francos como una posible tabla de salvación. Al no contar con el apoyo de las fuerzas imperiales, quedaban casi a merced de cualquier enemigo medianamente poderoso. Las primeras solicitudes de ayuda habían ocurrido muchos años antes. Y se repetían cada cierto tiempo. Pero por un motivo u otro, esto nunca pudo concretarse.
En la época de Carlos Martel, lo intentaron de nuevo, solo para obtener el mismo resultado. Para mala suerte de los pontífices romanos, la situación interna en el reino de los francos, no era muy estable. En especial, eso era debido a la inconformidad de algunos miembros de la nobleza, quienes rechazaban el excesivo poder de los mayordomos. Además estaba la amenaza de la invasión árabe, que se cernía sobre toda Europa. Hay que aclarar, que para ese momento, aún no había tenido lugar la célebre batalla de Poitiers...
En esas condiciones, hubiera constituido un error garrafal, ponerse en marcha y cruzar los Alpes, solo para ir en auxilio del papa, en Roma. Mucho más, si eso no reportaba algún beneficio para ellos. Incluso, esa aventura les podía salir cara, si las cosas no resultaban de acuerdo a lo esperado. Lo cierto es que en aquella oportunidad, Martel se excusó, y de manera acertada, optó por negarse.
Pero ahora, las cosas iban a ser distintas. Esta vez, Pipino el Breve ¡también necesitaba del pontífice! Por lo tanto, podía decirse que la necesidad era mutua.
Luego de resolver sus problemas sucesorales, en el año 751, guiados por un nuevo rey, llamado Astolfo, los lombardos reiniciaron sus temidas incursiones. Comenzaron por atacar a las menguadas fuerzas imperiales. Avanzaron sin mayores dificultades, llegando a tomar la ciudad de Rávena. La victoria de los lombardos fue completa y de ese modo, los días del exarcado terminaron para siempre. Con él, desapareció el último vestigio del Imperio Romano, en la región central de la bota italiana. Ahora, le correspondería el turno a la indefensa ciudad de Roma.
Mientras tanto, Carlomán, el hermano mayor de Pipino, sostuvo un encuentro con el papa Zacarías y llegaron a un acuerdo altamente beneficioso. El papa derogaría la legitimidad de los monarcas merovingios, para entregarla a quien en la práctica desempeñaba el papel de rey. A la vez, Pipino a ultranza quedaba comprometido a defender a Roma.
El siguiente paso, sería hacer oficial dicho convenio. Para ello, en el mismo año 751, Pipino envió una comitiva a Roma. El objetivo era dejar en claro, de manera definitiva, la cuestión de la legitimidad del ocupante del trono de los francos. En manos del papa quedaba el veredicto final. Pocos lo sabían, pero la decisión ya había sido tomada.
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| Childerico es depuesto y Pipino es nombrado rey de los francos. Por Hermann Knackfuss, ca. 1871. |
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| El Último de los merovingios. Por Évariste-Vital Luminais, Siglo XIX. Museo de Bellas Artes de Carcasona, Francia. Foto por Didier Descouens, 2018. Lic. CC BY-SA 4.0 |
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| Pipino III, el Breve. Por Louis-Félix Amiel, 1837. Colección del Palacio de Versalles. |
continuará…





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